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Publicado 19 mayo, 2014 Proveyéndo Felix Lora en ARTICULOS
 
 

“La extraña”, un fin de semana perdido

Frank Perozo (Jean Louis) y Evelyna Rodríguez (Rosa) en una escena del filme. Foto: Karibe Entertainment

SANTO DOMINGO.- El filme francés L´e etrangere que produjo Sergio Gobbi en 1968 ha servido como base fundamental para readaptar su historia y contextualizarla en suelo dominicano.

Aunque no he visto esta versión original, -creo que ya no es necesario-, esta adaptación surge en un momento de apuestas apresuradas dentro del cinema nuestro.

Su historia tiene como eje central a Jean Louis Caba dueño de una editorial en Santo Domingo que, después del accidente de su esposa Gaia, vive con cierta culpabilidad con lo sucedido a ella.

Separado en la actualidad, Jean Louis continúa abrumado por el trabajo de la editora, hasta que decide pasar un fin de semana en su villa de Casa de Campo.

Allí se encuentra con una extraña mujer de nombre Rosa con quien inicia una relación ambigua entre la pasión desenfrenada y la duda de su verdadera identidad.

Por estos pasos es que el realizador dominicano radicado en Puerto Rico César Rodríguez (Ruido, 2006) empieza a caminar tratando de figurar un thriller con tintes psicológicos y evitando no develar algún aspecto intruso que pueda echar todo a perder.

La manera en que busca el perfil narrativo lo obliga a manejarse con un criterio menos que emotivo dejando, de esta manera, un panorama poco intencional.

No creo que Frank Perozo, cuyo personaje está escrito para un individuo de mayor edad, y Evelyna Rodríguez, cuyo rostro no define muy bien la ambigüedad y fatalismo de su personaje, hayan llegado a sostener en todo momento dicha  trama.

Evelyna se muestra perdida en varios momentos de su intención logrando poco nivel de justificación esencial. Perozo trata de mantener la ecuanimidad de su personaje fijándose en un extremo del marco dramático.

Yorlla Lina Castillo y Laura García Godoy irrumpen en la escena sin alterar mucho la situación dramática.

Otro problema esencial está en la fotografía de Isidro Urquía que no logra definirse por cual lado centrarse. Su fotografía mantiene un solo patrón sin variar sus tonalidades en la medida que la trama se va complicando para así subrayar el aspecto psicológico de los personajes y el ambiente que lo circundan.

Su foco se mantiene como vista publicitaria, subrayando en todo momento más la belleza del lugar (Casa de Campo) que la perspectiva esencial de la trama.

César Rodríguez, a mi consideración, tuvo en mente siempre trabajar a favor de la trama y los personajes, pero el estrecho margen con que contó le impidió llevarla a un nivel más alto.
Félix Manuel Lora/CINEMA DOMINICANO