|
Felix Manuel Lora
Crítico de Cine |
La crisis mundial, matizada por la escalada abusadora del petróleo y la escasez de alimentos, nos ha tomado con remiendos en los pantalones y hoyos en los zapatos.
Un pueblo que se desayuna con una “loma” de espagueti con salami y un mabí seibano, es poco lo que puede pensar frente a la eventualidad que se nos avecina.
Con el discurso del Presidente, que nos alimenta de esperanza y que nos dice que está tomando las medidas pertinentes para enfrentar el aprieto económico, no es suficiente.
El Presidente necesita tener, junto a su equipo, a un superhéroe, un titán de acero que no se doblegue frente a las criptonitas de la envidia y la discordia, o no se ponga verde por cualquier crítica malsana que siempre está lista para ser lanzada para el que exige que esto camine derecho.
Un superhombre que defienda a los más débiles, aquellos que tienen sed de justicia para que le hagan justicia a sus derechos como ciudadanos y que, como murciélago en la noche, reduzca la criminalidad a su más mínima expresión.
Necesitamos un campeón de la honestidad para que proteja los mejores intereses del país y que nunca desampare los ideales de aquellos hombres que lograron establecer un proyecto de nación justo y verdadero.
Necesitamos un superhéroe que tienda una red de buena voluntad en cada institución gubernamental para que ayude al progreso colectivo y que fortalezca cada vez más la confianza en su función social.
La verdad es que cada ciudadano, sin importar su responsabilidad dentro de esta sociedad mulata, amante del sancocho, la pelota y el dominó, debe convertirse en un superhéroe real, no de ficción mediatizada, y cuya fuerza provenga sólo de la sabiduría y de la voluntad por querer tener un país cada vez mejor.
|