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El país de las últimas cosas (crítica)

SANTO DOMINGO.- El cineasta y guionista argentino Alejandro Chomski ha forjado su carrera entre los senderos de las adaptaciones literarias, un terreno muy movedizo pues se sitúa entre la literatura y el cine, dos lenguajes complementarios, pero distintos.

Gracias a “Dormir al sol” (2012), sobre la novela de Adolfo Bioy Casares, y la comedia “Maldito seas”, Waterfall (2016), de Jorge Parrondo, Chomski ha podido hacer adecuadamente su ejercicio intersemiótico descifrando esas franjas que hay entre los dos terrenos.

Ahora con la adaptación de una novela de ciencia ficción que Paul Auster publicó en 1987, titulada ` In The Country of Last Things´ (El país de las últimas cosas), Chomski se coloca el traje de buceo y se enfrasca en la titánica labor de llevar una novela que muchos críticos la calificaron en su tiempo como “infilmable”.

No obstante, su labor de más de una década de estudio y escritura del guion, ha dado su fruto y no es casual que contara con la participación directa del propio escritor Auster como coguionista para asegurar ciertos detalles de reinterpretación.

“El país de las últimas cosas” cuenta la historia de Anna (Jazmín Diz), una joven que viaja para encontrar a su hermano desaparecido. En el transcurso de la búsqueda, conocerá y se enamorará de Sam (Christopher Von Uckermann), un periodista extranjero que busca salvar la mayor cantidad de información de la cultura del lugar.

Construida como una larga carta, un diario íntimo que revela el propio personaje de Anna, el filme muestra un contexto distópico que conlleva focalizarla en una estructura visual que pudiera interpretar las preocupaciones existenciales de los personajes y la atmósfera que se vierte en la novela, cuyo medio desolado y caótico sirve para la búsqueda incansable del amor entre estos dos personajes.

Rodada en la República Dominicana y en la que el equipo de Lantica Media, como productora dominicana, localiza las mejores maneras para plasmar la idea de marginalidad que envuelve todo el terreno de ubicación de los personajes a través de un interesante diseño de Wilhem Perez (Old, 2021) y de dirección artístico de Ginna Ozuna (Hotel Coppelia, 2021), sumado esto la dirección fotográfica de Diego Poleri (Las Acacias, 2011).

Chomski aquí, como el gran orquestador de todo este equipo, logra una amargura que se suma a los personajes dentro de un ambiente donde no existen espacios para otra cosa que no sea la supervivencia. Como aquellos “saltadores” que se arrojan desde lo alto de los edificios por la desesperación o esa locura de una ciudad a la que Anna debe adaptarse para subsistir.

Quizás la principal flaqueza de “El país de las últimas cosas” es que los distintos personajes, interpretados por un elenco de distintas nacionalidades, incluyendo actores dominicanos, no alcanzan a tener la profundidad interpretativa y dramática que los aproxime más hacia los espectadores.

De todas maneras, queda un filme con una visión de reinterpretación artística que seguirá definiendo las apetencias autorales de este director.
Félix Manuel Lora/CINEMA DOMINICANO

Título original: El país de las últimas cosas. Año: 2020. Género: Drama. País: República Dominicana-Argentina. Dirección: Alejandro Chomski. Guion: Alejandro Chomski, Paul Auster. Novela: Paul Auster. Elenco: Jazmin Diz, Christopher Von Uckermann, María de Medeiros, Juan Fernández. Duración: 1 hora 29 minutos

Impactos: 5

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Construida como una larga carta, un diario íntimo que revela el propio personaje de Anna, el filme muestra un contexto distópico que conlleva focalizarla en una estructura visual que pudiera interpretar las preocupaciones existenciales de los personajes.
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Felix Lora

Felix Lora

Periodista, crítico de cine, catedrático e investigador

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