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«Detective Willy», un ´noir´ criollo

Fausto Mata (Willy) y Crystal Jiménez (Jael), dos detectives singulares en un contexto dominicano. Foto: Tabula Rasa.

SANTO DOMINGO.- José María Cabral ha intuido que dentro de su filmografía son válidas las experimentaciones con los géneros fílmicos. Con apenas cuatro filmes en su carrera ya ha tenido la oportunidad de aproximarse al drama, la comedia, la ciencia ficción y ahora a la aventura con tintes de suspenso policial.

Esta inquietud exploratoria le ha obligado a corregir muchos de los baches argumentales que ha tenido en sus distintas producciones cinematográficas.

Lo del “Detective Willy” más bien es una apuesta que va en el sentido de aportar historias potables para el contexto criollo. Y esto también tiene sus riesgos.

La historia podría ser más común de lo que parece, aunque en la mano de José María éste le aporta ribetes modificables y funcionales hasta cierto punto.

Fausto Mata es su héroe el cual es retocado para realizar un papel no tan ajeno a lo que anteriormente ha desarrollado. En esta ocasión es Willy Echevarria, un policía de un pequeño pueblo cuyo anhelo de convertirse es un detective, por lo cual una de sus pasiones básicas es la lectura de novelas policiales.

Después de una misión fracasada Willy es reasignado a una labor menor mientras, su compañero y rival Buce García, goza de toda las ventajas por lo cual es fijado a una misión especial.

Esta es la oportunidad que encuentra Willy para hacer realidad su sueño. El suplanta a Bruce en esta misión para investigar el misterioso robo de un valioso artefacto del patrimonio histórico del país.

A partir de este hecho Willy es enrolado a un comando especial que le permitirá, junto a la oficial Díaz, desarrollar su sueño con todos los riesgos que esto conlleva.

La narrativa de este filme se apoza en un lienzo que une la aventura y los dramas policiales de aquellas famosas novelas de Raymond Chandler o Dashiell Hammett, fuentes principales en el cine estadounidense de las producciones de «film noir» de los años 40 y 50.

Con ciertos apuros José María trata de buscar puntos de apoyo para que su narrativa funcione como historia y se sostenga con fórmulas permitidas de los géneros en cuestión. Aquí el trabajo en la cinematografía de Hernan Herrera es un punto a su favor.

Aunque la gravidez de su historia no ayuda a operacionarla debidamente, sufriendo ciertos tranques en algunas escenas que retraen su narrativa. La escena del teatro, por ejemplo.

Fausto Mata, comedido en todo el discurrir de la historia, busca liberarse del esquema que él mismo ha desarrollado en su carrera. Aunque en este filme el director le permite ciertas licencias para el humor, logrando sustentar la mayoría de las escenas que son hábilmente compartidas con Crystal Jiménez.

Anthony Álvarez, un villano adecuado para la historia, retiene también varias cuotas de atención hacia él cuando la situación lo amerita.

La breve, pero positiva participación de Kenny Grullón, ofrece unos importantes momentos. Manuel Chapuseaux garantiza un papel honesto y efectivo. Otros como Denise Quiñones, Josue Guerrero, Enrique Chao, Patricia Ascuasiati y Héctor Aníbal, éste último como el detective ilusorio de Willy, buscan también sus propios planos.

La verdad es que resumo este filme como una forma de avance para un joven director que todavía está definiendo su curso estilístico y que en el devenir de su carrera seguirá aportando productos cada vez más elaborados.
Félix Manuel Lora/CINEMA DOMINICANO

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