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«Código Paz», corrupción en SDQ

Héctor Anibal (Máximo) en una escena de acción de «Código Paz». Foto: Ruben Abud.

SANTO DOMINGO.- Todo director tiene su propio universo y su manera de contar una historia. En el caso de Pedro Urrutia su interés es narrar un relato enfocado en la acción y el drama, sin importar las consecuencias de su funcionalidad estructural.

“Código Paz” es un cine que se enmarca en una pista poco estudiada en el cinema dominicano, aunque algunas exploraciones como “El círculo vicioso” (Nelson Peña, 1998), “Pasaporte Rojo” (Albert Xavier, 2002) o “El Sistema” (Humberto Espinal, 2006), han planteado posiciones importantes desde la óptica de cada realizador.

La experiencia de Urrutia dentro del campo del videoclip ha sido aprovechada para dar el salto hacia el largometraje de ficción con una cierta garantía de resolver los escollos que esto implica.

Junto a Luís Arambilet en el guión, “Código Paz” se posiciona en un contexto urbano matizado por la intriga y la corrupción. En la misma se narra la historia de Pedro Ruíz (David Maler), un joven que trabaja en una importante inmobiliaria de la ciudad capital, pero sus ambiciones de dinero y poder lo convierten en un ladrón de las mismas residencias que la compañía tiene en venta.

Con su compañero de barrio, y la componenda de una de las secretarias de la compañía, este personaje hace los asaltos en distintas casas, hasta que una noche roba en la residencia equivocada, iniciando así una compleja persecución donde se involucran sicarios, policías, militares y ladronzuelos de barrio.

Esta es la trama que Arambilet y Urrutia consiguen elaborar dejando establecido una trama que va teniendo cierta validez en la medida de su desarrollo.

Los personajes asumidos por David Maler, Paula Ferry, Nashla Bogaert, Héctor Aníbal, José Guillermo Cortínes, Panky Saviñón y Félix Germán son los que controlan gran parte de la trama definiendo los puntos esenciales de su estructura narrativa.

Dejando a Deyvy de León, María Angélica Ureña, Canek Denis, Ivan Aybar y Juan Carlos Fernández como secundarios que se introducen en distintos momentos de la acción.

Lo interesante es el retrato de los dos personajes femeninos de la trama. Por un lado está el desarrollado por Paula Ferry, quien va creciendo paulatinamente por las circunstancias planteadas en la historia y el de Nashla Bogaert quien asume una posición un tanto estereotipada, pero que logra sacar algunos matices naturales y convincentes.

Sumamente bien lograda la utilización de los efectos visuales que componen una textura definida aún más por el montaje dinámico. Desde el mismo inicio del filme, el realizador pone en aviso al público de lo que se trata. La ralentización de su introducción plantea el nivel de violencia que trae su historia la cual busca los mejores puntos de apoyo circunstancial para hacerla atractiva.

Aunque siento que la historia se produce a sí misma bajo la construcción de un universo mecánico donde tuviera validez donde se hace presente los estereotipos de los “chicos malos” apañados con tatuajes y pelo trenzado.

Independiente de estos estereotipos, en las escenas de persecución dentro del barrio, faltó el elemento del mismo sector, que son las personas que allí habitan, (las personas comunes) las cuales están ausentes en el mismo.

Esto produce un aislamiento al propio tema que se desvincula de la vida del barrio, aunque algunos de los personajes son retratados con cierto descuido en esta realidad. Un punto a favor es que deja establecido que la corrupción está anclada en todos los niveles. Su epílogo deja señalado esto con la presentación de esa valla promocional en las calles de la ciudad con la candidatura del propio militar, cerrando un círculo vicioso de componenda y clientelismo.

Lo demás es un compendio de referencias a muchos filmes hollywoodenses el cual se trae los aciertos, pero también los vicios.

No obstante, “Código Paz” puede ser aprovechado en el sentido de su determinación de proyectar un filme con cierto nivel técnico, pero que también cumpla con la convicción de un producto loable y adecuado.
CINEMA DOMINICANO/Félix Manuel Lora 

 

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