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Carajita (crítica)

SANTO DOMINGO.- El realizador español Ulises Porra y la realizadora argentina Silvina Schnicer mostraron su talento con su ópera prima Tigre (2017), un rico debut impresionante, un trabajo virtuoso de unión de piezas precisas con un naturalismo clavado en la humedad y el asombro.

Ahora, en su experiencia dominicana con Carajita, construyen un relato que va más allá de la puesta en escena convencional desarrollada bajo un contexto hábil para hablar de cuestiones morales y sociales.

Carajita hecha su mirada hacia Sara (Cecile van Welie) una joven de 17 años y su niñera Yarisa (Magnolia Núñez) quienes tienen una relación que no discrimina la clase social de ambas, hasta que un incidente rompe con todo como si fuera una navaja que corta su relación en dos.

Porra y Schnicer se ubican metódicamente entre el relato y los intérpretes para construir un tejido idóneo que lleve la historia por el buen camino de la narración, del interés del público y de la buena creación de personajes.

La idea del evento que le sucede a la hija de Yarisa marca un abismo accidental que levanta el volumen de las cuestiones morales a la que Sara se retrae por las implicaciones que esto conlleva.

Ese azar, que Yarisa predice, es lo que empuja la historia hacia el centro de una tragedia que involucra muchas partes y donde el simbolismo de ese cabrío que se interpone en la carretera se convierte en la fatalidad anunciada.

Su historia que permite adentrarse en esa dimensión de una clase social que critica la doble moral e impunidad, pero que no se la aplica para sí misma, es la magnífica idea que los guionistas han tratado de marcar en un discurso sin resoluciones fáciles, ni demagógicas, apostando siempre por el detalle, lo visual y sobre todo a la sigilosa observación de los personajes y los hechos de la que son protagonistas.

Adecuada labor de los actores y actrices de soporte como Adelanny Padilla (Mallory), Génesis Buret (Mirta), Javier Hermida (Álvaro) y Dimitri Rivera (Diego). Más aún la de Richard Douglas (Don Pedro) este último, en una precisa interpretación, ofrece una aproximación vital a la representación de cómo la clase alta maneja los resortes de las influencias y la impunidad haciendo a la vez una radiografía de una sociedad quebrada que procura sobrevivir según las conveniencias del momento.

La parte técnica está apoyada en una capacidad de mostrar los distintos ángulos del conflicto de una manera efectiva. El trabajo en la fotografía de Sergio Armstrong e Iván Gierasinchuk refiere a la creación de una conexión vital entre el Caribe y la tragedia, con las tonalidades cambiantes según el reflejo del relato y las acciones de los personajes.

La musicalidad de Carajita permite también ir asumiendo interioridades del personaje de Yarisa, mujer que se mueve entre un mar de angustias y reto familiar y en la que el recurso de la bachata sirve como una voz interior que revela esa cosmovisión existencial de ella.

Definitivamente un filme que pesará mucho en el contexto dominicano, como propuesta asertiva y como ejemplo de exploración de identidad sociológica y moral.
Félix Manuel Lora/CINEMA DOMINICANO

Título original: Carajita. Año: 2021. Género: Drama. País: República Dominicana. Dirección: Ulises Porra, Silvina Schnicer. Guion: Ulises Porra, Ulla Prida, Silvina Schnicer. Historia: Ulla Prida. Elenco: Cecile van Welie, Magnolia Núñez, Richard Douglas, Dimitri Rivera, Adelanny Padilla, Javier Hermida. Duración: 1 hora 29 minutos

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La idea del evento que le sucede a la hija de Yarisa marca un abismo accidental que levanta el volumen de las cuestiones morales a la que Sara se retrae por las implicaciones que esto conlleva.
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Felix Lora

Felix Lora

Periodista, crítico de cine, catedrático e investigador

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