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«Azul Magia», un cuento en otro color

Los realizadores juegan con dos tiempos para darle una cierta dinámica al cuento fílmico, pero el problema surge cuando ambos factores no se sincronizan en una fluidez narrativa. Foto: Mentes Fritas

SANTO DOMINGO.- Yoel Morales y Cristian Mojica, jóvenes hacedores del audiovisual, que a través de la productora Mentes Fritas, han focalizado un trabajo de propuestas alternativas que ha dado como resultado la producción de un largometraje de ficción para indicar sus propias intenciones sobre lo que se está construyendo en el cine local.

Adocenando unas cuantas ideas sobre sus experiencias infantiles y otras buscadas en la literatura y en los mitos de nuestra cultura taina, hacen posible un relato en tono de fantasía sobre un joven de nombre Moisés que vive con su madre en un lugar remoto de República Dominicana.

Ella está enferma y eso lo compele a buscar en lo profundo del bosque un remedio para su cura. Pero en su viaje conoce a Bel, una joven que lo involucra en una aventura entre dos mundos.

Esta propuesta de relato y realización pretende inyectar otros puntos a la narrativa dominicana fílmica de ficción sostenido por una serie de factores que no han funcionado lo bastante para que su producción reluzca adecuadamente.

La introducción, realizada a modo de animación, plantea que los tainos de la isla, ante la presencia de los conquistadores españoles, deciden huir en masa a través de un portal hacia otra dimensión.

Ahora, en la actualidad, la presencia de Bel representa a esa raza desaparecida de este entorno en la cual el joven Moisés se hace parte de su destino. La unificación de este relato se hace a través de un campesino que le cuenta lo sucedido a un jovencito que se mete en su finca.

Los realizadores juegan con dos tiempos para darle una cierta dinámica al cuento fílmico, pero el problema surge cuando ambos factores no se sincronizan en una fluidez narrativa. Las expectativas iniciales se socavan en un plano débil que no impone un conflicto real, y se desboca meramente por la experiencia de un joven que conoce a un personaje de otro mundo.

El espectro visual del filme toca la fantasía para improvisar ciertos aspectos de un mundo creado para tal fin dejando un tanto a la deriva cuestiones fundamentales de su objetivo inicial.

Esmailyn Morel, Marselle Jiménez, Lucas Marte, Ruth Emeterio, Edwin Garabito y Mario Núñez, el más veterano, toman sus personajes sin poner mucho en riesgo.

No obstante, puedo aprovechar este filme para indicar que, independiente de sus fallos, se puede visualizar un empeño por el cine de género y en este caso, el de la ficción con ribetes de cine fantástico.

Su tono, arriesgado para este contexto, puede significar una valentía que debe ser aprovechada por sus realizadores para aprender aún más de este oficio que envuelve múltiples factores y tantas piezas a tomar en cuenta para lograr que todo pueda funcionar en el nivel adecuado requerido.
Félix Manuel Lora/CINEMA DOMINICANO

 

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