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Publicado 6 julio, 2016 Proveyéndo Felix Lora en ARTICULOS
 
 

“Todos los hombres son iguales”, no es lo mismo ni es igual

Christian Meier y Frank Perozo en una escena de la comedia. Foto: Bou Group.

SANTO DOMINGO.- En el año de 1994 Manuel Gómez Pereira dirigió la comedia española titulada “Todos los hombres sois iguales”, la que ganó dos Goya incluidos, Mejor Actriz y Mejor Guión Original.

La misma trataba los asuntos de tres hombres divorciados quienes se juntan para compartir un apartamento. Por sus experiencias anteriores adquirieron una idea particular sobre la relación de pareja, pero la llegada de la chica de limpieza cambia el entorno de las reglas de convivencias que habían  planteado.

La versión original es el mejor ejemplo de una comedia ligera, de situaciones, que hablaba, en tono hilarante, de los cambios de las relaciones sentimentales, de un machismo postmoderno de una sociedad madrileña de principios de los noventa.

Se recuerda las excelentes actuaciones de Imanol Arias, Antonio Resines y Juanjo Puigcorbé, tres actores que estaban en el mejor momento de sus respectivas carreras; también el trabajo de Cristina Marcos.

Ahora, por cuestiones del azar o la conveniencia, el propio Gómez Pereira hace una nueva versión en terreno dominicano, tratando de transportar las mejores situaciones planteadas en aquella versión para hacerlas creíbles con un nuevo elenco.

Con la colaboración del guionista Miguel Alcántara, quien introduce algunos modismos dominicanos, la comedia transita por un periplo poco satisfactorio. Lo que había funcionado en su original, aquí se reduce a un filme débil en términos estructurales y de actuaciones.

En esta ocasión los responsables de equilibrar las situaciones son Christian Meier, Mike Amigorena, Frank Perozo, Nashla Bogaert, Georgina Duluc, Hony Estrella, Lummy Lizardo, Raeldo López, Hensy Pichardo, Josue Guerrero, Ricardo de Marchena y Geisha Montes de Oca, un elenco poco funcional y poco entusiasta que trata de enmendar los entuertos de una historia que se desinfla a mitad de camino.

Los diálogos no se sustentan en el equilibrio de la misma historia, aunque no se llega a lo vulgar, pues se mantiene dentro de un espacio bastante potable, no imprime la tanta comicidad como pudiera haber tenido.

Si la idea era plantear una situación que provocara hilaridad, entonces, el elenco tuvo que agilizar sus talentos para lograr ese objetivo, pero se queda en el desgano habitual de muchos proyectos.
Félix Manuel Lora/CINEMA DOMINICANO