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Publicado 13 septiembre, 2013 Proveyéndo Felix Lora en ARTICULOS
 
 

“Mi angelito favorito” o lo que cayó del cielo

Carolina Feliz y Carmen Rodríguez en una escena del filme. Foto: Ruben Abud.

Para entender el razonamiento lógico de las películas de Alfonso Rodríguez hay que deducir su universo conceptual sobre lo que él considera es la comedia.

Curtido en la televisión y con una gran carpeta de serie de comedias y dramas realizados para este medio, Alfonso ha asumido el cine como una extensión más de su trabajo como productor, guionista y realizador.

Su nueva producción cinematográfica, en el género de la comedia, va por los mismos presupuestos argumentales que han caracterizado su filmografía: personajes que se mueven en un sentido y otro por la historia, un tema que no pretende ser analítico, solo llevar una risa fácil y un trasfondo que se inclina por lo social.

Mi angelito favorito recurre a la idea de proponer un tema que se mofe de la presencia de lo divino dentro del accionar cotidiano de los mortales.

Para justificación de esto, la escena inicial del filme es con la presencia de un ser (asumo que es Dios y para remate es el propio director que se reserva este papel) que va observando en una pantalla holográfica una serie de escenas donde se presentan imágenes de un mundo de injusticia social, corrupción y guerra.

Esto lo precisa a llamar a una asistente para que localice a uno de los ángeles, el X100, que ha estado en la Tierra en varias misiones, pero ninguna con éxito. Como obligación este ángel es remitido nuevamente para otra misión celestial que es ser enviada a República Dominicana con el cometido de ayudar a unas personas que viven en un barrio populoso de la ciudad capital.

Pero no le será nada fácil por las distintas situaciones que se interponen y por la búsqueda, por parte de ella, de la verdad de su tarea.

Planteado esto, la historia busca asentarse en el mejor plano posible, pero sin llegar a remediar nada de lo establecido.

Una de sus flaquezas está en que el relato está encajado dentro de un contexto más televisivo que cinematográfico y eso no logra ofrecer un aspecto de amplitud espacial y movimiento fílmico. Todo está solucionado en reducidos espacios dentro de un foro construido para la ocasión, cuyos materiales acartonan su aspecto físico.

Los personajes, más que sentirse en su condición funcional, pululan en una historia escrita más para televisión que para cine, donde el aspecto cómico se mezcla con el melodramático en un ambiente forzado y mal hilvanado.

A esto se le suma el descuido de la presentación formal de los personajes en su aspecto físico, Manolo Ozuna, en este caso, a pesar de su pericia actoral, es el más perjudicado.

El discurso social aparece sin buscarlo y sin prepararlo; colocado sólo por cumplir con tal misión argumental. Y si se olfatea mucho más al fondo “huele” (de vaho) a discurso retraído contra las relaciones conyugales y las relaciones sociales en la isla.

El protagonismo de Carmen Rodríguez posee un solo problema: o el papel no estaba para ella o ella no estaba para el papel. Puesto que desde el principio causa dificultades para ubicarla como tal. Las precipitadas intenciones cómicas de su rol perjudican su correcta ubicación dentro de la historia.

Lo demás es una versión televisiva de las rutinas que el público dominicano ha estado fagocitando durante lo sesenta años de la televisión dominicana.

Habrá que reinterpretar el camino de la comedia dominicana, buscar un mejoramiento sustancial a sus propuestas temáticas, manejarlas con mejor rigor cinematográfico, puesto que no se puede anteponer muchas veces el interés mercurial (aunque sé que esto es un negocio) al interés artístico porque, a veces, hasta la belleza cansa.

Lo que cayó del cielo no es ni mucho menos una comedia formal, más bien es una rutinaria presentación de personajes sin razón y con un ángel sin “ángel” que nunca entendió la misión para la cual fue reclutada.
Félix Manuel Lora/CINEMA DOMINICANO