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Publicado 4 agosto, 2013 Proveyéndo Felix Lora en ARTICULOS
 
 

“El Teniente Amado”, la otra apuesta por el género histórico

Mercedes Renard y Amaury Nolasco en una escena de la película. Foto: Amado Productions.

SANTO DOMINGO.- El Teniente Amado viene a proseguir por el camino trazado por otros filmes que han apostado por el género histórico dentro del cinema dominicano y que, por factores argumentales, no pudieron dar solución efectiva al conjunto fílmico.

Su origen viene de la dedicación del periodista e investigador Huchi Lora quien ha descubierto para la realidad fílmica, a uno de los personajes que tuvo una participación importante dentro del complot para el ajusticiamiento del tirano Rafael Leónidas Trujillo Molina.

El Teniente Amado García, un joven militar que fue ayudante personal de Trujillo y que, por varias circunstancias, decidió unirse al grupo de complotados y lograr la hazaña que es parte de la historia reciente de República Dominicana, es la figura principal de este relato.

El filme, aunque es enfocado en la época de Trujillo, trata de encaminarse por la historia personal de este militar, centrándose en su relación amorosa, situación que fue cortada abruptamente por los esbirros del régimen sin darle ninguna oportunidad.

El argumento trata de presentar un texto fílmico que llegue en parte a solucionar los distintos baches expositivos que posee. El Teniente Amado García es una pieza que cae de golpe en el filme sin ligar su temperamento y personalidad a un origen más atrás, por ejemplo, a su infancia. Sólo se presenta su relación con su tía, su novia y una prima.

Esta entrada supone un inicio mutilado para conocer al personaje en cuestión. No obstante, se intenta establecer el vínculo afectivo con sus compañeros de la academia militar y su antagonismo con otro de los jóvenes militares.

El filme camina por dos caminos bastantes difíciles: el de recrear la época con su atmósfera opresiva y el de contar una historia que atrape al público. Ambos fines fueron cumplidos a medias por dificultades en el tono de algunos personajes (como la interpretación del actor mexicano Antonio Jaramillo quien es traicionado por su expresión oral) y en su interpretación visual.

Era bastante difícil desprenderse de la figura de Trujillo en este filme; por eso se tenía que visualizar para el público sin más remedio, labor que recayó sobre el actor puertorriqueño Efraín Figueroa quien, con detalles simples de utilización de voz y ademanes, intenta moldear un personaje que casi se detiene en el acartonamiento.

Figueroa viene a sumarse a ese listado de actores como Edward James Olmos (En el tiempo de las mariposas), Juan Fernández (Trópico de sangre), Víctor Checo (Del fondo de la noche) y Giovanni Cruz (Arrobá) que han asumido a Trujillo con distintas tonalidades e intensidades.

Amaury Nolasco como el Teniendo Amado, quizás, sin referencias claras, impulsa un personaje que por lo menos tiene corazón e identificación con el público. Aunque Mercedes Renard como la novia de Amado se pierde en el contexto y no logra hacerse visible. Los demás actores dominicanos que conforman el elenco superan sus dificultades en la medida de sus propias experiencias actorales. Destacadas actuaciones, aunque breves, se visualizan en la presencia femenina de Karina Noble y Yamilé Scheker.

En algunos momentos se logra escenas de gran calidad expositiva y otras se sitúan más como un telefilme que como un verdadero panorama cinematográfico para gran pantalla.

Por eso la cinematografía de Peter Mackay trata de fotografiar esa luz caribeña, pero cayendo en las trampas de esa intensidad solar que quemaron algunas de las escenas. A esto, la música de William West, busca reforzar las escenas de mayor dramatismo con unas tonalidades musicales convenientes.

No conozco mucho la trayectoria de Félix Limardo, apenas el documental Sol Caribe que realizó en el país y donde reunió los principales intérpretes del merengue y la bachata. Por eso, no reconozco su estilo de filmar y si al encontrarse con este filme histórico quiso ofrecer una visión personal, con todo y su riesgo, es probable que no pudo solucionar detalles importantes en su narración visual.

Las virtudes del Teniente Amado es que propone, por lo menos, una revisión histórica de un tema que ha sido más exitoso en la literatura dominicana que en el cine. Este intento probablemente servirá para encontrar nuevamente esa veta argumental que necesita el cine criollo.
Félix Manuel Lora/CINEMADOMINICANO