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Publicado 14 agosto, 2018 Proveyéndo Felix Lora en ARTICULOS
 
 

“El Closet”, los pecados del padre Joseph

El trabajo de Anthony Álvarez ofrece una detallada y compleja amalgama de actitudes y aptitudes que se van superponiendo como capas dentro de un mismo rol. Foto: Metro Films

SANTO DOMINGO.- Es claro que el cine nacional avanza sin importar las deficiencias que se hayan tenido históricamente dentro de su desarrollo. Reconozco que la práctica es la única vía a través de la cual se podrá ir, paulatinamente, alcanzando un cine más adecuado en cuanto a su narrativa.

Dentro de este panorama hay que tener en cuenta las propuestas individuales que han estado haciendo los realizadores criollos en el entendimiento de los aportes que pueden hacer a este proceso.

Entre ellos, se encuentra Miguel Vásquez quien a través de sus ejercicios fílmicos presentes en “Éxito por intercambio” (2003), la comedia “Lío de falda” (2012), el documental “Historia del béisbol” (2009) y el drama “La tragedia de Río Verde” (2018), ha necesitado ir más allá de un mero planteamiento argumental y posicionarse en un contexto de mayor profundidad en cuanto a la calidad del texto fílmico.

Para esto, ha encontrado el mejor motivo para desarrollar una trama que en términos de su diégesis reviste una importancia capital por los argumentos que él mismo se encarga de distribuir durante todo el desarrollo de la historia.

En este caso, relega de la presencia física de los personajes que pudieran estar dentro de la historia y delimita su valor a un solo actor en pantalla, dejando establecido la dinámica orgánica del mismo desde el inicio del filme. De todas maneras, los demás personajes están presentes a través de las voces y de los diálogos que ellos expresan entorno al personaje central.

“El Closet” es la historia del sacerdote católico Joseph quien se ve atrapado dentro una especie de guardarropa, del cual trata de salir acudiendo a la ayuda de diferentes sectores de la sociedad. Su presencia allí responde a una situación en particular que tendrá varias lecturas en la medida que él se vaya comunicando con el exterior.

La metáfora aflora como una evidente crítica a la sociedad, a la iglesia y a ciertos discursos morales que gravitan, indefectiblemente, en las conductas sociales. Vásquez, al proponer la figura de un sacerdote, trata de macerar las luchas históricas que han estado presentes en la evolución de la iglesia católica.

Y no es casual que su discurso apunte a las luchas libradas por el fraile católico agustino Martín Lutero y sus 95 tesis que provocó la Reforma y el nacimiento del protestantismo. Por eso sus diálogos están permeados por esta tesis luterana que ha sido importante para entender la constitución de la segunda gran rama del cristianismo.

Aquí Vásquez vierte su protesta frente a un mundo cambiante donde la iglesia debe estar al frente de esos cambios. Por eso su discurso transita por los laberintos del celibato, la conducta reprochable de algunos sacerdotes, pero también la conducta impropia de distintos personajes de la sociedad.

Al centrar la mirada en su solo personaje, el filme se torna riguroso y con pocas posibilidades de manejar el recurso de cambio de posición y escenario. No obstante, la cinematografía de Sebastián Cabrera logra el sentido de ese encerramiento, de ese no poder salir de este espacio dramático que lo oprime y lo obliga a solo escuchar las voces que le hablan desde el exterior, como si fuera un siseo que lo cuestiona cada vez más.

El trabajo de Anthony Álvarez, quizás el más importante de su carrera hasta el momento, ofrece una detallada y compleja amalgama de actitudes y aptitudes que se van superponiendo como capas dentro de un mismo rol impulsando ese arco de transformación en la que se revela su desencanto y engaño.

La narrativa trata de fluir adecuadamente por todo el texto y, quizás, es logrado en su mayoría. Posiblemente los dos momentos de ruptura con esta narrativa se da cuando se trata de interpretar el mundo externo en su forma teatral, cuando el mismo espacio dramático se rompe para dar paso a esta idea. La otra es cuando se utiliza el flashback para puntualizar un determinante suceso en el pasado del padre Joseph.

Sobre la posición adoptada por Miguel Vásquez considero que no es beligerante frente a los enfoques adoptados por la iglesia; más bien es un convencimiento a una idea que se ha arrastrado desde cientos de años.

“El Closet” es un filme pensado conceptualmente que detalla su mirada en lo trascendente y no en la inmediatez de muchos filmes locales.
Félix Manuel Lora/CINEMA DOMINICANO