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Publicado 9 julio, 2017 Proveyéndo Felix Lora en ARTICULOS
 
 

“Sambá”, golpes de la vida

El panorama dramático de “Sambá” utiliza el el boxeo como una función de metáfora (o así lo quieren dejar ver) para que sirva como un simbolismo a los golpes que da la vida y a la reivindicación que puede tener un ser humano frente a un pasado tortuoso. Foto: Ecah Film.

SANTO DOMINGO.-La apreciación que puedo tener con “Sambá” es la misma para cualquier película, puesto que por ser dominicana no la hace diferente a las demás.

Sé que todo producto cinematográfico, independiente de su género, está plagado de intenciones, las mismas que le dan cierta forma al aspecto artístico y argumental de la obra.

“Sambá” es la historia de Cisco quien regresa a casa en República Dominicana después de cumplir una injusta condena en una prisión norteamericana (situación que no se define en sí). Su madre alcohólica (otro punto que no queda claro) está delicada de salud y la única forma de conseguir dinero es peleando para conseguirlo.

También está el personaje de Nichi, una ex promesa del boxeo italiano que vive exiliado cerca del barrio (su pasado solamente es determinado por un flashback), y ve en Cisco un diamante en bruto a quien debe pulir para saldar las deudas ocasionadas por su adicción a las apuestas.

Entre el medio de estos dos gravita el personaje de Luna, una mujer que hereda una escuela de entrenamiento de boxeo de su padre donde llega Cisco. Otros personajes no menos importantes se vinculan de una forma u otra con el personaje central, aduciendo ciertas características intrínsecas sobre el drama en cuestión.

Dentro de todo este panorama dramático el boxeo cumple una función de metáfora (o así lo quieren dejar ver) para que sirva como un simbolismo a los golpes que da la vida y a la reivindicación que puede tener un ser humano frente a un pasado tortuoso.

En este caso, las escenas de boxeo son trabajadas de forma tradicional, aunque con escasos planos, siendo la escena clímax su manera de sobrellevar la idea central del filme.

De esta manera los elementos para el corte dramático están planteado con el único fin de preparar toda la estructura dramática hacia una conclusión que no amarra del todo su aspecto argumental.

Asumo que la voluntad de sus realizadores Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas (una dupla importante dentro del cinema dominicano) de asumir la responsabilidad de dirigir un filme donde no han tenido participación en el guión, era la de buscar los elementos más simples y significativos que pudieran salvar las dificultades del relato. Sin ser un guión propio se nota cierta visión personal al momento de plasmarlo en la realidad cinematográfica.

Algunas informaciones importantes para el entendimiento del espectador (con un personaje que gravita significativamente sobre el de Cisco) son ofrecidas al final del segundo acto, como una especie de giro argumental, pero que trastoca la comprensión general de lo que le pasa a Cisco. Es por esto que el guión de Ettore D’Alessandro y Carolina Encarnación asume sus riesgos expositivos dentro de esta indefinición.

Más cuidado tuvo su dirección artística la que muestra ciertos matices de la marginalidad de sus personajes donde el contexto caribeño se percibe en cada uno de sus cuadros. Aunque su parte musical satura el espacio fílmico con la música que se deja a merced de las veleidades del propio ritmo del filme.

El trabajo de Algenis Pérez Soto (Cisco), quien debutara en el filme “Sugar” (Anna Boden, Ryan Fleck, 2008) y Ettore D’Alessandro (Nichi) resulta un adecuado complemento por las mismas diferencias culturales de sus personajes, pero con similares anhelos y búsqueda de reivindicación.

Laura Gómez (Luna) se somete a un personaje que, en mi consideración, gravita de manera indefinida por la historia del filme. No posee objetivo ni consideraciones hacia un posible futuro. Por eso ella trata de sobrepasar ciertas actitudes independientemente de su perfil.

Otros como el de Ricardo Ariel Toribio (Leury), ya visto en “Dólares de Arena” (Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas, 2014) y Gerardo Mercedes (“La Gunguna”, Ernesto Alemany, 2015), ya repetitivo en su trabajo histriónico, moldean ciertas razones de su presencia en la historia.

“Sambá” es un producto fílmico que tendrá sus razones de existencia, una obra que explora otros caminos circunstanciales dentro de este panorama local.
Félix Manuel Lora/CINEMA DOMINICANO