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Publicado 2 enero, 2019 Proveyéndo Felix Lora en ARTICULOS
 
 

“Juanita”, el regreso

Juanita es una inmigrante dominicana que regresa a su país luego de vivir cinco años en España. Su regreso es motivo de una reevaluación de lo que ella dejó y lo que ella encuentra. Foto: Línea Espiral

SANTO DOMINGO.- “Juanita” vuelve a surcar el tema de la migración en el cine local. Un argumento que ha tenido interesantes enfoques sobre este fenómeno el cual es expuesto en distintas variantes según el tipo de personaje y las circunstancias que lo rodean.

Juanita es una inmigrante dominicana que regresa a su país luego de vivir cinco años en España. Su regreso, planteado por una circunstancia poco aclarada en el guion, es motivo de una reevaluación de lo que ella dejó y lo que ella encuentra.

En su retorno le acompaña Mariano (interpretado por el veterano actor Tito Valverde), un agricultor español que conoció en su estadía, el cual vende su casa para buscar otros horizontes en República Dominicana. Mariano trata de encajar a una nueva cultura y Juanita a la dinámica de su familia.

La composición familiar está delimitada por sus dos hijos, la suegra y el ex marido, todos viviendo en la casa que ella dejó. Por eso, su llegada y la presencia de Mariano, convoca a una nueva mirada a la situación dentro de su entorno.

El guion propuesto por Leticia Tonos Paniagua y Koldo Campos Sagaseta se limita a ofrecer una panorámica desde la perspectiva del personaje de Juanita quien se desplaza por la narrativa como un fantasma (así es como ella se define en una escena) repitiendo una rutina que trata de combinarse con la relación afectiva de sus hijos que la ven como una extraña.

Esta aparente ventaja es la que toma Jairo, su ex marido, ante las condiciones no favorables para ella puesto que su hijo mayor también le reclama su abandono cuando apenas era un niño. En este caso Juanita se ve obligada a ir reestableciendo esas relaciones afectivas, ese vínculo de su posicionamiento familiar que quedó roto con su aventura como migrante en otro país.

Cheddy García como Juanita ofrece su rostro para crear ese modelo de dominicana que por necesidad parte a cualquier lugar del mundo en busca de un mejor futuro, aunque los sueños no se cumplan a cabalidad.

Jairo, quizás, sea el personaje mejor centrado en esta trama quien se encuentra entre el pasado de Juanita y el futuro de lo que ella puede ser nuevamente en el país. Gracias a la acertada manifestación de Carasaf Sánchez el personaje adquiere dimensiones particulares al momento de enjuiciar a Juanita, pero también de asumir ciertas responsabilidades que habían sido abandonadas para con su hijo mayor.

A esto se le suma el trabajo de Ruth Emeterio como Sayonara, hermana de Jairo, quien sin estridencia ofrece un personaje natural y posible dentro del contexto dominicano, de esa mujer que es la otra cara de la que no le interesa partir, más bien de hacer de su propio espacio, a pesar de los infortunios que tiene que sobrellevar.

Leticia Tonos (La hija natural, 2011 y Cristo Rey, 2013), una realizadora bien centrada en lo que se puede lograr en el cine criollo y lo que todavía se debe seguir explorando, justifica su argumento con la idea de mostrar atisbos de estudio de la identidad dominicana reflejada en la pantalla, quizás un poco saturada en su contexto musical propuesto a través de la música incidental que se percibe en su banda sonora, pero bien intencionada en lo que desea expresar.

“Juanita” propone otro ejemplo de la constancia del tema del inmigrante, un texto que se seguirá abordando y complementando según las perspectivas de los realizadores y realizadoras locales.
Félix Manuel Lora/CINEMA DOMINICANO