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Felix Manuel Lora
Crítico de Cine |
Un país puede ser descubierto a través de sus múltiples manifestaciones culturales. Desde la valía de sus héroes nacionales hasta la cultura cotidiana que se respira cada día entre sus calles y campos, puede encontrarse en cada rito, expresión o arte realizado por su gente.
Una de esas expresiones donde se puede encontrar la imagen de lo que es un país por dentro es a través del cine. El inmenso espejo donde todo queda claro en la mente del público y desde donde se puede analizar hasta el más mínimo detalle de las ideas imperantes en cada nación.
Mi experiencia reciente con el cine colombiano, vivido a través del Festival Internacional de Cine de Bogotá, queda marcado por una agradable situación de exploración de su cine más actual e impresionarme de los adelantos técnicos y narrativos que allí se están sucediendo.
Once películas en competencia dieron la cara por el cine colombiano mostrando las virtudes y los defectos de una cinematografía que no se amilana por las circunstancias políticas o sociales.
Las cintas colombianas de la actualidad son el reflejo de lo que este país quiere exportar hacia el exterior, teniendo en cuenta que es un cine todavía en desarrollo que necesita madurar muchas cosas.
Haber sido jurado en este certamen y evaluar las propuestas de este país, fue una gran distinción. Ser un ojo crítico externo me facilitaba ver la situación fuera del bosque.
Así se evaluó un cine que camina por buen camino temático, aunque la violencia es una constante, siempre se encontró otros puntos válidos para contar historias.
Desde la inocencia perdida hasta las implicaciones de una sociedad que busca reincorporarse hacia una nueva visión de Colombia, fueron las propuestas servidas en la gran pantalla.
Todas las historias mínimas que jugaron a ser vistas durante el Festival, complementaron un sorprendente conjunto de genuino cine latinoamericano.
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