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EL LIBRO Y EL DOCUMENTAL SOBRE LA HISTORIA DEL CINE DOMINICANO

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Tel 809-221-0030


 
 
 
Historia del Cine Dominicano 
 

El inicio

La primera aparición del cine en República Dominicana sucedió en agosto de 1900 en la ciudad norteña de Puerto Plata, donde el teatro Curiel de esta ciudad fue testigo del cinematógrafo de los hermanos Lumiére. La persona a cargo de las primeras exposiciones de esos trabajos en toda el área, fue el industrial Francesco Grecco que, para eso, cruzó el Caribe mostrando esta atractiva invención. En 1915 el camarógrafo puertorriqueño Rafael Colorado hizo Excursión de José de Diego en Santo Domingo, la primera película hecha en la República Dominicana por un extranjero.

En la prehistoria fílmica del cine dominicano se destacan los trabajos del fotógrafo y editor Francisco Palau, que en 1922 al lado del fotógrafo Tuto Báez y Juan B. Alfonseca, hace la primera película de ficción del cine dominicano: La leyenda de la Virgen de la Altagracia, con la colaboración en los textos del historiador Bernardo Pichardo.
 
Palau la estrenó en la noche del 16 de febrero de 1923, y  se convirtió en la primera película dominicana. El entusiasmo de este equipo motivo más adelante la realización de una comedia con tintes ingenuos con el título de Las emboscadas de Cupido (1924). Esta película, contada en cinco actos, narró la historia de un par de enamorados que no tenían el consentimiento del padre de la novia, y obliga al novio a realizar una divertida trama para que el padre pueda aceptarlo. Fue exhibida  al público el 19 de marzo de 1924.  

Francisco Antonio Palau, fotógrafo de profesión, había nacido en Santo Domingo el 15 de agosto de 1879. En su devenir profesional editó la revista Blanco y Negro, una publicación especializada en artes que se constituyó en un artículo muy apreciado por los amantes de la lectura. Después de las dos aventuras cinematográficas de Palau, este realizador se enfrascó en una especie de documental titulado La República Dominicana (1923), un trabajo donde plasmó estampas de la vida rural y citadina del país. Gracias al entusiasmo Palau es que en nuestra historia fílmica podemos mencionar, al menos, estos primeros trabajos, aunque no constituyeron una línea a seguir.

El régimen dictatorial instalado por Rafael Leonidas Trujillo Molina, desde el año 1930, impone un freno total a las manifestaciones artísticas y culturales, estimulando solamente aquello qué entiende beneficioso para sus propósitos. El primer uso del sonido fue una película de actualidades sobre la inauguración de presidente Rafael Leonidas Trujillo en 1930. El cine, que además de arte es una industria, había sido adoptado por los medios de comunicación masivos en un instrumento ideológico. Por esa razón, en los treinta largos años de la tiranía se realizaron solamente  trabajos documentales del país con la exaltación del tirano y sus parientes.

Solamente en 1953, el cineasta Rafael Augusto Sánchez Sanlley (Pupito), produjo con la compañía “Cine Dominicano”, trece documentales para el régimen.  Y no es hasta 1963, que el dramaturgo Franklin Domínguez lanzó su largometraje La silla, donde denuncia los horrores del régimen de Trujillo.

Después de esta propuesta fílmica se produjo un lapso de veinticinco años para que apareciera otro producto dominicano que diera respuesta a la voluntad de formalizar una filmografía dominicana.

Una nueva etapa

Agliberto Meléndez, fundador de la Cinemateca Nacional, y un experimentado individuo en los quehaceres audiovisuales, realiza en 1988 su ópera prima, Un pasaje de ida, un producto que se ha constituido en una intención fílmica de apuestas y remedios dentro de lo que significa realizar un cine dominicano. Basada en la amarga realidad de los viajes ilegales, la cinta toma un hecho real acontecido en 1980 cuando varios dominicanos fallecieron asfixiados dentro de un contenedor del barco Regina Express. Agliberto proporciona un dramático pasaje con la absoluta garantía de tomar el control de una historia fuerte y humana. A pesar de las deficiencias técnicas, el trabajo de la cámara realizado por Peyi Guzmán focaliza un estilo neorrealista para dotar a la imagen de esa veracidad y significancia en el lenguaje fílmico dentro del cine dominicano.

Sin tener ninguna referencia laboral dentro del mundo cinematográfico dominicano, un joven con ganas de hacer cine irrumpió en la escena nacional con un producto que sorprendió a todos por la gracia y valentía con que fue asumido. Ángel Muñiz asumió la dirección de Nueba Yol: por fin llegó Balbuena (1995), un film que puede verse como un intento loable de un producto mercadeable tanto en territorio dominicano como en el exterior. El filme de Muñiz se marcó como el gran fenómeno mercadológico en República Dominicana y colocó al comediante Luisito Martí, a través de su personaje de Balbuena, como el personaje de mayor éxito del cine dominicano. 

Dos años más tarde, Ángel Muñiz se arriesga con otro producto tomando la figura de Balbuena como garantía para descifrar nuevamente el gusto del público por las tramas fáciles y la empatía que ya le tenía a este personaje.

Esta efervescencia condujo a Radel Villalona a embarcarse en una aventura fatal para su poca experiencia en el ramo. Después de haber hecho algunos escarceos en el área del video, se sometió a realizar su primer largometraje para el cine. Para vivir o morir (1996) no ofreció la respuesta que se esperaba. Concebido como un filme de suspenso político, el espacio geográfico donde se inserta la historia recorre una ciudad sometida al fragor de las luchas políticas sobre la base de un proceso electoral traumático.

El mismo se convirtió en uno de los fracasos más decepcionantes del cine dominicano. No obstante, sus productores hicieron una nueva inversión un año más tarde que consistió en una reedición o “retake” a su metraje inicial haciéndole algunos cambios a su parte final. Este experimento fue renombrado como Jugada final, un título que marcó precisamente el final a lo que pudo ser un paso de avance para atraer a inversionistas privados hacia el apoyo del cine dominicano. A pesar de los vientos desfavorables desatados tras el estreno de Para vivir o morir, el empeño de otros cineastas no eliminó las ansias de seguir produciendo cine criollo dentro de un terreno pedregoso.

Luego Ángel Muñiz da otro paso en su carrera y propone Nueba Yol III: Bajo la nueva ley (1997), donde logró otra anécdota simple, de principio inmediato y sin complicaciones. Tomando una estrategia publicitaria de obviar la segunda parte, por ese asunto de que “segundas partes nunca han sido buenas”, este nuevo episodio de Balbuena se convirtió en una apuesta doble. La historia se centraba, esta vez, en las semanas previas al “martes negro”, el día de la aplicación de la fuerte ley de regulación migratoria. Balbuena recorre un nuevo terreno por vencer junto a millones de residentes en Norteamérica.

En ese mismo año se estrenó Cuatro hombres y un ataúd  de la mano de Pericles Mejía, un activo realizador de comerciales que, tomando sus experiencias en el campo publicitario, obtiene el tiempo, la inversión y la visión para dar el salto sin garrocha y exponerse al escrutinio público de mostrar un nuevo producto cuando el sabor amargo todavía estaba en el gusto del público de la experiencia pasada. Esta comedia de Pericles se convirtió en una esperanza sobre el tema del humor y se tradujo como otro intento de retratarnos y exponer nuestras desdichas, esperanzas, costumbres y manías. El género de la comedia se toma nuevamente para contar un relato que tiende a mezclar varios aspectos del entorno popular para descifrarlo en un pliego de múltiples facetas, pero la manera de su exposición lo desliga de las verdaderas posibilidades en los términos de su correcta construcción narrativa.

Otros pasos en el proceso

Definitivamente, Ángel Muñiz se ha convertido en el cineasta dominicano que ha motivado a otros a descubrir que se puede hacer cine sin importar los inconvenientes que se tengan en el camino.

Perico Ripiao (2003) es la suma de varios años de proceso iniciado con Nueba Yol: por fin llegó Balbuena (1995) y continuada con Nueba Yol III: Bajo la nueva ley (1997). Muñiz otorga un nivel de madurez cuando asume los mismos riesgos que en las producciones anteriores, pero con el conocimiento de que podía dominar los resortes del complejo lenguaje cinematográfico.

Aparte de “Perico Ripiao”, otro título se acercó a las pantallas con el único propósito de enfrentar los malos augurios y empujar las ganas hacia la determinación de hacer cine dominicano en territorio nacional.

Después de varios meses de rodaje, el productor y cineasta Miguel Vázquez estrenó su ópera prima titulada Éxito por intercambio (2003). La idea de realizar este filme surgió cuando dos años atrás empezó a archivar vivencias de modelos y artistas interesadas en dar lo que fuese por alcanzar el éxito.

En el 2004 José Enrique Pintor, español radicado en República Dominicana, rodó su ópera prima La cárcel de La Victoria, el cuarto hombre, una suerte de trama carcelaria con el protagonismo del español Paco Luque, el venezolano Julio Mota y el dominicano Richard Douglas.

Esta apuesta en el cine dominicano contó con un reclamo en la búsqueda constante de temas y situaciones que el cine se hace siempre para poder llevar su trayectoria al descubrimiento de lo que siempre se puede aportar en la cinematografía de un país.

El 2004 también fue premiado por otro producto dominicano que intentó establecer las marcas de la industria dentro de un contexto que empezó a hacerse favorable para el cine nacional. Con una responsabilidad en la producción de La Matriz, una compañía argentina con fuertes inversiones en el ramo de la publicidad y los videoclips, se lanzó el filme Negocios son negocios bajo la dirección del argentino Joppe de Bernardi y un completo elenco dominicano tradujo las ganas de este grupo de inversionistas para introducirse en el incipiente negocio de la industria fílmica criolla.

Negocios son negocios se decanta por un argumento fácil que no llega más allá de lo que su elenco pudo asumir. La apuesta cómica sigue siendo la carta más fuerte y recurrida dentro del cine dominicano. Las intenciones se disputan en crear un ambiente comercial favorable para el retorno de una inversión en un mercado poco estimulado para lograr estos propósitos.

En el 2005 el comediante y músico Luisito Martí se abocó esta vez a lograr un producto fílmico que se concentre en la realidad de nuestro contexto y en los anteriores productos donde él ha jugado un papel protagónico para su éxito.

Después de haber experimentado su astucia histriónica con el personaje de Balbuena en los dos episodios para el cine de Nueba Yol, Martí buscó su propio escenario para integrar varios personajes de su catálogo artístico. Los locos también piensan ha sido su apuesta y parte de una idea del propio comediante y su hijo Robert Luis, que viene a ilustrar varios años de experiencia en la zona televisiva cuando ambos compartían responsabilidad en los menesteres del programa semanal de humor.

Un paso sorprendente en el cine dominicano se produjo cuando Rogert y Frankeli Bencosme, convertidos en cineastas sin previo aviso, patrocinaron sus ganas por una tesis argumental que, aunque no es novedosa, es un aporte más al futuro dentro del cine dominicano.

Andrea: la venganza de un espíritu, (2005)  rodada originalmente en formato digital y luego transferida a 35mm para su exhibición al público,  es una cinta de terror sobrenatural que se despega un poco de esas arbitrariedades del cine comercial, aunque sea un producto comercial ofertado para las masas.

Todo parte de esas leyendas rurales, prendidas en los campos y presenta a una muchacha que ha sobrevivido a las posesiones sobrenaturales que, cuando era una niña, tomó una cruz de una tumba para colocarla en la de su fallecida madre y a partir de ese momento fue molestada por un espíritu.

Luego de este riesgo vino La maldición del padre Cardona (2005) que hablar de este filme es tocar las raíces de un proceso que todavía estamos aprendiendo a dominar y que con la constancia intelectual y artesanal, es que vamos a comprender la importancia del rigor cinematográfico. En ella se localizan tres temas que se enfocan en la comedia, el romance y el misterio. Estos, mezclados con algunas tradiciones culturales y de idiosincrasia, se someten a una disposición poco definida. Félix Germán pasó una prueba sustancial en su vida profesional y por eso respetamos esa determinación que pocos han asumido con ese control estricto.

Después de esto la filmografía dominicana avanzó con el trabajo de Alfonso Rodríguez que tomó su segunda apuesta en el cine después de aquel no valorado intento titulado Tráfico de niños (1988). Con más de veinte años en el terreno de la televisión donde se ha convertido en el profesional con más horas producidas en el área de las teleseries dominicanas, este cineasta ha podido juntar sus aspiraciones para decidirse, esta vez, a realizar un producto cinematográfico con miras a satisfacer las ganas del público dominicano. Con Un macho de mujer, Alfonso Rodríguez se internó en un argumento que, bajo otras circunstancias, podía alcanzar todas las potencialidades para convertirse en una historia adecuada para este tiempo, pero sus puntos de vista y el intento de una comicidad fácil la hacen caer en un plano poco favorable. El argumento parte de la eterna rivalidad de los sexos opuestos y del rol que el hombre juega en esta sociedad que figurando el hipotético relato de los cambios de funciones, otras cosas pudieran suceder.

En el 2006 el cine dominicano prosiguió en su avance con filmes como Viajeros (Carlos Bidó), que veulve a tocar el tema d elos viajes ilegales. Esta vez a través de una mirada de denuncia social, Lilis (Jimmy Sierra), toca el tema histórico en el cine dominicano tomando el anecdotario de las andanzas del dictador Ulises Heureaux, El sistema (Humberto Espinal), un filme que confiirma la búsqueda de temas de intriga y Código 666 (Elías Acosta), que sustentó la teoría de que las adaptaciones literarias también es un recurso válido en el cine.

Nuevos aires soplaron para el 2007, con la premura de seguir haciendo cine a cualquier costa y tratando de conquistar a una audiencia dominicana que cada vez se hace exigente con los productos criollos.

Sanky Panky (José Enrique Pintor) fue la primera en la contienda que abrió un año con muchas expectativas. Con el actor Fausto mata a la cabeza de esta producción, Pinky cuenta la historia de un buscador que se convierte en un sanky panky de los gethos playeros para conquistar a una turista e irse del país.

Alfonso Rodríguez logra proyectar su tercera producción cinematográfica titulada Yuniol, siguiendo la línea de reflexión social que siempre ha manejado en sus anteriores filmes. Después Archie López, un profesional de la realización de comerciales, se apura para dar su salto al largometraje de ficción con su película Mi novia está de madre, filme que cierra un año con muchas reflexiones entorno a lo que debe ser el cine dominicano en el futuro.

El 2008 se avizora como un proyecto de aprendizaje más en el cine nacional. Jimmy Sierra abre el año con su filme de suspenso policial El caballero de la medianoche, una cinta que es asumida por su realizador como una opción de propuesta creativa.

Pero la sorpresa vino de un joven de apenas 20 años de edad que tiene la correcta visión de que se puede hacer cine con una economia de recursos y con mucho talento y disposición. José María Cabral asoma la cabeza en la industria local con Excexos, una cinta modesta sobre un joven de clase media alta que se ve involucrado en un torbellino existencial producto de las drogas el alcohol y la vida desenfrenada.

A esto se le suma la consistencia que ha adquirido Alfonso Rodríguez que se deja sentir en el ruedo con su cuarta película, Playball, un tema beisbolero que toca el problema de los esteroides en las Grandes Ligas.

Con estos filmes y la llegada de otros más como Enigma de Robert Cornelio, 60 millas de Jorge Lendeborg y Ladrones a domicilio de Ángel Muniz, se podrá ver un camino más claro en el futuro del cine dominicano.

BIBLOGRAFÍA: Sáez, José Luis. “Historia de un sueño importado”. Santo Domingo, Rep. Dom. Ediciones Siboney, 1982; Lora Robles, Félix Manuel. “Encuadre de una identidad audiovisual”. Santo Domingo, Rep. Dom., Ediciones Valdivia. 2007.

FÉLIX MANUEL LORA

 
 
1. El cine Dominicano
2. Los primeros documentalistas nacionales
3. Las primeras intenciones del cortometraje
4. Cineastas de la diáspora
5. Desarrollo fílmico-industrial
en la República Dominicana 
6. Cine extranjero en R.D.
7. El cine-forum y cine-clubes
8. Empresarios del cine

     
 
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