Al analizar el contenido de esta película podemos inferir que es cine dominicano siempre ha tenido una preocupación hacia el aspecto social, contrario a lo que se ha criticado precisamente a nuestro cine, la falta de compromiso como vehículo de denuncia.
Este filme nos da claras señales de que el “juego de las apuestas” va más allá de los simples malabares y cada vez más existe la preocupación por dejar claves dentro del cine nacional para que otros puedan seguir los pasos argumentales.
No es casual que Alfonso Rodríguez haya tomado un tema de reflexión en el orden social y dirigiera su discurso en ambos sentidos de la desigualdad (ricos-pobres-pobres-ricos), como una constante aproximación a lo que ha sido su intención en el cine. Basta recordar que su primer largometraje fue un cine de denuncia. “Tráfico de niños” lo dejó claro.
Ahora con un buen camino recorrido y una vasta experiencia en el manejo del discurso audiovisual, Alfonso lanza su proyecto con la convicción de que hay que tener un compromiso formal con las herramientas que se tienen en las manos.
El argumento se focaliza en Juan Pérez García alias "Yuniol", que gracias a una beca, tiene la oportunidad de estudiar en la misma universidad que Juan Alberto Ríos de la Piedra a quien sus allegados llaman "Junior". Uno rico y otro pobre. La oportunidad de estudiar en los EEUU, hace que estos dos personajes se conozcan e inicien un particular proceso de amistad.
Este planteamiento permite auscultar de manera particular la idiosincracia del joven de barrio contrastando con la vida de los jóvenes que tienen mejores oportunidades económicas.
El discurso logra un adecuado balance entre las dos posiciones sociales y permite ir construyendo un espacio para la revelación final del protagonista.
Un verdadero progreso para la filmografía de Alfonso, puesto que su anterior filme “Un macho de mujer”, su discurso estaba focalizado desde la alta esfera económica, pero sin denunciar nada ni lograr una reflexión social al respecto.
Frank Perozo como el Yuniol rico y Shalim Ortiz como el Junior pobre, se enfrentan a un debate discursivo y bastante promisorio en el cine nacional, puesto que sirven de parámetros al momento de enfocar las intenciones del director.
Junto a ellos, Charityn Goico y Milly Quezada, significan unos verdaderos soportes femeninos que ayudan a lograr varias perspectivas en el argumento.
Saludamos este buen avance en el contexto criollo y podemos afirmar que cada vez más estamos construyendo los cimientos para el establecimiento de un cine con identidad nacional.
FÉLIX MANUEL LORA |