Alfonso Rodríguez toma su segunda apuesta en el cine después de aquel no valorado intento titulado “Tráfico de niños” del año 1988 en el que arrojó una moneda al aire para descifrar las intríngulis del mercado cinematográfico dominicano. Esa vez, un material realizado en formato de U-Matic, tocó las puertas de los cines nacionales sin tener una buena respuesta en el espectador criollo.
Con más de veinte años en el terreno de la televisión donde se ha convertido en el profesional con más horas producidas en el área de las teleseries dominicanas, este cineasta ha podido juntar sus aspiraciones para decidirse, esta vez, a realizar un producto cinematográfico con miras a satisfacer las ganas del público dominicano.
Con “Un macho de mujer”, Alfonso Rodríguez (que en el mismo 2006 dirige “Yuniol”, su tercera película), se interna en un argumento que, bajo otras circunstancias, podía alcanzar todas las potencialidades para convertirse en una historia adecuada para este tiempo, pero sus puntos de vista y el intento de una comicidad fácil la hacen caer en un plano poco favorable.
El cineasta visualiza su historia como una razón más para aportar algo dentro del cine dominicano sin que esto signifique una revalorización de nuestra filmografía.
El argumento parte de la eterna rivalidad de los sexos opuestos y del rol que el hombre juega en esta sociedad que figurando el hipotético relato de los cambios de funciones, otras cosas pudieran suceder.
El relato toma la mamo de Ramón, un individuo que después de trabajar varias horas en la oficina, decide siempre pasarla bien junto a sus amigos, yéndose de juerga sin importar lo que diga su esposa.
Este juego se repite día tras día sin que pueda remediar una posible solución. Hasta que un día su esposa encuentra a un personaje enigmático que le regala un amuleto prometiéndole cambiar su situación.
Por una situación mágica todo se revierte y la vida de Ramón, al igual que la de sus compañeros de oficina, toma un giro totalmente inesperado. Ahora es un mundo dominado por las mujeres y donde sus esposas son las que se divierten mientras sus maridos se quedan en sus casas haciendo los quehaceres domésticos.
Esta manera ilusoria de presentar esta realidad le confiere al relato una buena posibilidad de salir hacia delante, pero algunos conceptos estilísticos de su puesta en escena no le permiten dinamizar su curso. El ritmo del filme poco deja para establecer fuerza interna y sólo se reduce a presentar las escenas con planos convencionales, haciendo que no exista distanciamiento entre lo que es un “sitcom” televisivo y un planteamiento de comedia para cine.
Las actuaciones de sus protagonistas caen en una vía fácil sin que se vea algún tipo de esfuerzo histriónico por producir un acercamiento entre personaje y público.
Robert Ángel Salcedo, Ana Karina Casanova son los actores que tienen a su cargo el gran peso del filme, logrando por momentos equilibrio entre ambos. Estos a su vez se apoyan en unos secundarios integrados por Jochy Santos, Tania Baéz y María del Carmen Hernández que al final cumplen con su trabajo sin más remedio que quedar más o menos adecuados dentro del relato.
De esta manera “Un macho de mujer” camina por el terreno empedrado donde siempre hemos andado sin tener las precauciones necesarias para no herirnos en el camino.
FÉLIX MANUEL LORA
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