El cine dominicano vuelve a marcar pasos imprevistos dentro de su evolución. La buena noticia es que seguimos haciendo películas sin importar lo que esto conlleve para nuestro entendimiento del oficio.
La mala noticia es que no sabemos hacia donde vamos, cual es la ruta marcada para encontrar nuestras propias raíces del asunto y lograr unos visos de identidad.
Pero como nada es absoluto, seguimos proponiendo temas y ajustando intenciones para llevar a buen término cualquier película que pueda ser rentable y saludable para el consumo humano.
Alfonso Rodríguez ha demostrado que es un trabajador que entiende que para hacer cine, lo necesario es tener una idea en la cabeza y recursos para poder materializarla. Su cuarto largometraje es una muestra de su voluntad por marcar huellas en el cine local.
También notamos una preocupación social –si podemos definirlo-, de que el tema de su historia tenga un trasfondo de denuncia. “Tráfico de niños” persigue a los traficantes de órganos; “Un macho de mujer” la crítica de los sexos: “Yuniol” la desigualdad social y ahora “Playball” el uso de los esteroides en la Grandes Ligas. Celebramos la particularidad y su línea –casi de autor-, para plantear asuntos que puedan llevar de alguna forma a la reflexión. En el caso de “Playball”, su línea argumental encuentra la justificación para hablar de los esteroides a través del personaje de Alex, un jugador de las Grandes Ligas que es descubierto en el consumo de esteroides y cuya carrera se desmorona.
Luego es contratado para jugar en República Dominicana con la esperanza de levantar el ánimo del equipo, pero a su vez la fe en que puede ser de nuevo un jugador valioso. En el transcurrir de las acciones de este personaje se mezclan otros personajes secundarios que de alguna u otra forma tratan de apoyar esta historia. Un niño que desea que su equipo gane, la hermana de este niño que se enamora de Alex, el entrenador del equipo, el agente, una cubana ex-amante de Alex, dos viejos que siempre comentan la situación y otros que juegan algún que otro papel.
Todo este universo se introduce por unos vericuetos más o menos entendibles, pero con la falta de convencernos del rigor beibolístico y más aún del dramatismo que deben provocar la situación en el play. Puesto que el filme debe gustar a los fanáticos y no fanáticos de este deporte, dado que si no le gusta el béisbol, debe interesar por el dramatismo de las escenas y es aquí que notamos poca pasión. La dinámica de los juegos se nota muy mecánica sin posibilidad de trabajar con los resortes del drama.
A esto se le suma poca utilidad de su espacio geográfico, porque no se dimensiona el contexto de la historia en términos de su región, al parecer, es un pueblo pequeño por la manera en que se desplazan los personajes y ocurren las acciones, pero a la vez posee un estadio que no nos percatamos cuanto aglutina en término poblacional.
Podemos analizar otros elementos como el uso del lenguaje, discordancia entre las intenciones de los personajes frente al principal y otros detalles que dejaremos en carpeta.
Alfonso Rodríguez debe analizar su trayectoria, que la vemos definida, pero queremos esperar de él intenciones más acabadas y que no caiga en la ilusión febril de la comercialidad. El puede ofrecer obras muy superiores.
FÉLIX MANUEL LORA
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