| Agliberto Meléndez, fundador de la Cinemateca Nacional, y un experimentado individuo en los quehaceres audiovisuales, produce en 1988 "Un pasaje de ida", un producto que se ha constituido en una intención fílmica de apuestas y remedios dentro de lo que significa realizar un cine dominicano. Basada en la amarga realidad de los viajes ilegales, la cinta toma un hecho real acontecido en 1980 cuando varios dominicanos fallecieron asfixiados dentro de un contenedor del barco Regina Express. Agliberto proporciona un dramático pasaje con la absoluta garantía de tomar el control de una historia fuerte y humana. A pesar de las deficiencias técnicas, el trabajo de la cámara realizado por Peyi Guzmán focaliza un estilo neorrealista para dotar a la imagen de esa veracidad y significancia en el lenguaje fílmico.
Un nutrido grupo de actores dominicanos se somete al escrutinio de un público que veía reflejados en la pantalla todos sus temores por abrir una etapa importante en el empeño de hacer cine en este "patio" nacional.
Ángel Muñíz, Carlos Alfredo Fatule, Horacio Veloz, Miguel Bucarelly, Rafael Villalona, Víctor Checo, María Castillo, Giovanny Cruz, Teresita Basilis y Angel Haché, entregaron la piel de actores para representar cada uno una porción de ese universo marginal de la desesperanza y la traición. Los diferentes niveles de su discurso quedan reflejados bajo un mismo tono secuencial que se somete al mejor rigor fílmico posible.
Agliberto junto a Danilo Taveras y Adelso Cass compone la historia del Regina como una fábula realista del dominicano sin puertas que abrir. Sin estructurar una línea temática en las películas dominicanas "Un pasaje de ida" determinó el tono de la marginalidad como una constante en la filmografía criolla.
Es curioso reseñar que la base de esta historia tiene puntos importantes de coincidencia con una idea que estaba trabajando el guionista español Gonzalo Goicochea para el cineasta Eloy de la Iglesia. En una visita realizada al país en diciembre de 1980, Goicochea reveló que, junto al crítico de cine dominicano Arturo Rodríguez Fernández, escribía un relato cinematográfico que llevaba como título "Viaje de ida", en el cual se narraba la historia de un joven español que regresaba al país después de completar sus estudios en España, teniendo un contacto directo con los contrastes sociales existentes.
El guionista, en ese entonces, señaló que en su parte final "se entroncará con un doloroso hecho que sucedió hace poco en Santo Domingo, aunque no se hará ninguna alusión directa al mismo, ya que el joven humilde resultará víctima en el barco en que iba a viajar clandestinamente a los Estados Unidos".
Esta propuesta, al parecer, no tuvo el alcance financiero que se necesitaba, lo que dio paso a Agliberto Meléndez que condujera el propósito final del filme a la toma de atención frente a un problema social para luego reflexionar frente a las consecuencias que representó este caso para la sociedad dominicana.
El filme tuvo un costo aproximado a los 420,000 pesos y la recuperación de la inversión fue lenta dado que el mercado en ese entonces no estaba preparado para recibir un producto criollo. Aunque su recibimiento en el marco internacional le proporcionó varios reconocimientos como el Premio del Público, Premio de Radio Exterior y el Premio del Jurado de la IFSS del Festival Iberoamericano de Huelva de 1988.
Después un intento de reposición realizado en diciembre de 2004, aprovechando el auge de estrenos de cintas dominicanas en la cartelera, marcó nuevamente su revés como producto comercial, conformándose con una tímida respuesta por parte del público dominicano.
FÉLIX MANUEL LORA
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