Sin tener ninguna referencia laboral dentro del mundo cinematográfico dominicano, un joven con ganas de hacer cine irrumpió en la escena nacional con un producto que sorprendió a todos por la gracia y valentía con que fue asumido. Angel Muñiz, otrora comediante de la Nueva Generación de Humor, un grupo de comediantes que tocó, en la década del ochenta, la pantalla chica con un estilo improvisado y espontáneo de hacer comedias, asumió el oficio y lanzó la única cinta dominicana rentable que se haya realizado.
"Nueba Yol: por fin llegó Balbuena" (1995) puede verse como un intento loable de un producto mercadeable tanto en territorio dominicano como en el exterior. El filme de Muñíz se marcó como el gran fenómeno mercadológico en República Dominicana. 3
Si analizamos el contexto social que da origen al personaje de Balbuena encontramos las mejores condiciones para el retrato de un individuo que se muestra inserto dentro de un universo donde la precariedad y la supervivencia son parte sustancial de sus movimientos como ente social.
La historia de Balbuena es la historia de muchos. Es el "tíguere" cuya gestualidad combina las principales características de un sujeto urbano que interroga su condición como una falta de oportunidades y metas que no puede alcanzar. La misma estructura física con la camisilla, pantalones de fuerte azul, boina y peineta en la cabeza, lo convierten en la imagen única y revisada del personaje popular barrial.
Sumado a esto está la presencia constante del pasaporte como el símbolo que conjuga todas las aspiraciones y sueños que tienden a solucionar todos sus problemas con un posible viaje a Nueva York. Balbuena no se muestra desvinculado de las razones que lo han proyectado como un prototipo de superviviente social. Su marco de acción está dentro del mismo barrio, en las esquinas, en los colmados, los callejones y en todo terreno posible donde su acción es aplicable y justificable.
Podemos asegurar que este personaje creado por el comediante y músico Luisito Martí a finales de los años 80 como parte del cuadro de comedia que presentaba el programa televisivo "El Show del Mediodía", ha sido el que mayor empatía ha logrado con el público dominicano en toda la historia de la televisión dominicana, quizás exceptuando las interpretaciones que hiciera el comediante Paco Escribano durante la era trujillista.
Por eso, su paso al terreno cinematográfico fue como una demanda nacional, una real justificación de sus propios dotes como personaje. Aunque Luisito Martí había presentado en el cine a Balbuena cinco años antes de la propuesta de Muñiz. Su primera aparición se localiza en el filme ¡Que viva el merengue! (1990) del director Francisco Guerrero, en el cual Martí encarna a un individuo con ansias de introducirse en el mundo del espectáculo gracias a su habilidad para asumir varios personajes cómicos.
Sin tener experiencia previa en rodaje de largometrajes Angel Muñiz sorprendió a la crítica y a los involucrados en el quehacer audiovisual en República Dominicana, al lanzar un producto que cumplió con ciertos requisitos al momento de satisfacer una demanda que subyacía por varios años en el público dominicano en la necesidad de ver un filme nacional. Con "Nuebal Yol", Muñiz resolvió dos importantes factores: la necesidad de tener una película de ficción dominicana en la cartelera puesto que hacía diez años que en las pantallas criollas no se proyectaba un producto fílmico criollo que facilitara el autorreconocimiento por parte del público sobre un personaje y una cotidianidad propia de nuestro contexto, y de resolver así un anhelo intrínseco del mismo personaje por llegar a los Estados Unidos, acción que siempre quedaba postergada en los episodios televisivos.
La película se centra en la presencia de Balbuena en esa gran urbe donde él siempre soñó estar y el impacto frente a la cultura de una ciudad desarrollada, en términos de supervivencia y violencia. Su relato fílmico procura facilitar su comprensión como un individuo trascendental aunque dadas las limitaciones de la figura, en cuanto a los gestos y expresiones, lo presionan a un contexto regional, no obstante, su idiosincrasia en sí posee puntos reconocibles y válidos.
En la propuesta como lenguaje fílmico se opta por la utilización de la cámara como constructor de planos convencionales y estáticos. El concepto de la edición tuvo que solucionar algunos aspectos de continuidad narrativa, y en momentos específicos (como en la conclusión de la historia), un punto abrupto rompe el suceso para mostrar pocas pistas en el entendimiento general. La musicalización, jugada como un concepto para el énfasis de los hechos, proporciona niveles adecuados de utilización y rescata el valor de algunas escenas. Reconocemos que Luisito Martí le impregnó nuevas dimensiones a su personaje creado precisamente en el rigor de la televisión y que tras su paso al cine se ajustó adecuadamente a la actuación que este medio exige.
FÉLIX MANUEL LORA
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