Los realizadores latinoamericanos han tenido siempre la preocupación por reflejar el propio universo donde emergen los problemas sociales que afectan a sus respectivos países. De esta manera, en el cine de la región, han prevalecido los temas como la guerrilla, la dictadura, la pobreza, la fe, la música, la violencia en las calles, la corrupción, siempre contada desde la perspectiva de las minorías y resaltando las injusticias sociales.
En el Cine Dominicano, a pesar de sus imperfecciones artísticas, no ha estado de espaldas a los propósitos de denunciar algunos de los males que afecta a la sociedad dominicana desde hace décadas. Nuestro cine ha tenido la virtud, cuasi perfecta, de ahondar en ciertos hechos o problemas sociales que de alguna manera han significado puntos importantes para la reflexión y la búsqueda de la conciencia ciudadana.
Siempre he visto que la presencia de los discursos cinematográficos del cineasta Ángel Muñiz, en el cine criollo, revela una preocupación de este autor por colocar en la mirada de los demás temas para la discusión.
Su ópera prima reveló la más sincera interpretación de la calidad de un inmigrante que encontraba en la ciudad de Nueva York un camino para la superación personal. “Nueba Yol: por fín llegó Balbuena” se articuló a un tema que abrió muchas puertas para la producción fílmica en el país.
Luego con “Perico ripiao”, las intenciones era de proponer un enlace con la problemática presente en los años 70’s, la represión social, la corrupción y la componenda entre civiles y militares.
Ahora con “Ladrones a domicilio” el texto de Ángel va más allá de sus creencias personales sobre la utilidad del medio cinematográfico para dejar sentado varias críticas sociales.
A través del personaje de Bruno, un profesor universitario, interpretado por Manolo Ozuna, Ángel estructura un panorama que sea favorable a su objetivo primordial. Este Bruno, padre de familia, tiene la esperanza de que su hija mayor pueda estudiar en una prestigiosa universidad privada, pero los sueños se derrumban cuando se le informa que los programas de becas son suspendidos.
Esta situación hace estallar la impotencia que lleva dentro y lo empuja a la búsqueda de un segundo empleo como chofer de una compañía de transporte de valores. En este nuevo empleo se involucra en una peligrosa operación sobre el robo del camión de valores en un plan urdido por el propio dueño de la compañía. Este hecho es lo que desata todo el panorama discursivo para hacer las denuncias pertinentes sobre la maraña de corrupción presente en el país.
Ángel propone un conjunto de piezas que intentan establecer las debidas críticas en tono de la sátira y la comedia y poner “el dedo sobre la llaga” a toda la situación imperante en nuestro contexto. Por eso se vale de la interpretación iconográfica que en esta sociedad se les otorga a personajes ya conocidos por todos.
Por eso no es casual la presencia de un cura, un político, un senador, una jueza, un empresario, un militar y un hombre de valor moral, referencias indiscutibles que el público sabrá identificar sin el más mínimo viso de error.
Al articular este mensaje que, para el autor es casi un riesgo artístico, puesto que querer representar en un solo discurso el mal que agobia al país como la corrupción policial, los nexos con el narcotráfico, la impunidad, los viajes ilegales, la falta de oportunidades de la clase obrera, entre otros puntos, se puede caer en la zona del panfletarismo y desinflar su efecto.
Aunque la retórica no impide una adecuada interpretación, su aspecto cinematográfico tiende a una puesta en escena con carencias significativas de construcción narrativa. Al parecer, algunas premuras hicieron desarticular un valioso recurso y lo doblegaron a un trabajo llano en su visual. La música aportada por Pin Bencosme en las pinceladas de apoyo y de Enerolisa en el aspecto folklórico, pudieron tener mejores resultados en el contexto del filme.
Manolo Ozuna (la voz de Ángel Muñiz en este filme), intenta asumir su valentía histriónica y separarse del código televisivo; Miguel Ángel Martínez no busca sorprender a nadie y se confina a dar la cara para dibujar a un maleante sin remordimientos. Las demás interpretaciones como la de Johanny Sosa, Juan María Almonte, Pericles Mejia, Miguel Bucarelli, Billy Martín, Arturo López, Sonia Silvestre, Frank Lendor y del veterano Salvador Pérez Martínez, resumen un ‘cast’ determinado por las mismas circunstancias del valor del filme.
“Ladrones a domicilio” posee su propia valía por no provocar la risa por la risa, más bien intentar localizar un intermedio significativo en el proceso discursivo que se está creando en el Cine Dominicano.
FÉLIX MANUEL LORA
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