Apenas tenemos unos cuantos filmes que no nos han definido dentro del entorno cinematográfico mundial y ya estamos apreciando la idea de que cada película dominicana es la primera en algún motivo.
“La tragedia Llenas” toma su inspiración en el caso del asesinato del niño Llenas Aybar que a su vez inspiró la novela del escritor y político Ángel Lockward. Es decir que estamos viendo una película que tiene su trasfondo en la realidad, pero que su estructura narrativa es novelada, ficcionada.
Entonces, así se presenta este filme con el gancho de un acontecimiento que conmovió la sociedad dominicana, vendiéndola como el primer filme basado en un hecho de historia reciente, pero al descubrir su forma no es más que un filme con componentes pocos efectivos para interesarle al espectador.
La historia, como es lógico, cambia los nombres y le da un matiz diferente para tratar de hacerla más dramática. De esta manera tenemos a Irving Restrepo, un periodista colombiano es enviado a República Dominicana para cubrir las incidencias del juicio Llanos Tabar, en el que son sometidos a la justicia los acusados incluyendo un primo de la víctima. En el proceso Irving conoce a una periodista argentina que también se interesa por el caso.
Lo que notamos en su lectura es una falta de calidad en su narración. Todo el peso recae en los dos personajes de los periodistas que a su vez se sujetan a su exposición discursiva solamente en los diálogos, recargando así el filme sobre las palabras y no en los hechos.
Una subtrama que pretende complementar el destino de los periodistas se muestra confusa y no se llega a definir. Esta es protagonizada por dos personajes cubanos que reciben órdenes de unos capos de Miami quienes le mandan a eliminar a los periodistas dentro de una trama ridícula. Si estos están investigando el caso y no han encontrado nada que pueda involucrar a los jefes de Miami, ¿cómo es que se determina su eliminación? Y ¿por qué tienen que enviar a un sicario desde los Estados Unidos si los mismos de aquí podían hacer el trabajo? De hecho, el atentado al periodista colombiano se le asigna a uno de los cubanos y esta es presentada dentro de una secuencia tan mal planificada que hasta hilarante se convierte.
Así entre confusiones y malas actuaciones se desarrolla un filme que pudo ser una mejor oferta. Karina Noble y Oreste Amador, como los cubanos, se convierten en personajes con imperfecciones en su estructura orgánica; Fausto Rojas como el primo asesino del niño sobreactúa en su personificación; Frank Perozo, como el periodista colombiano, se sostiene adecuadamente, aunque el entorno no le favorezca y Sharlene Taulé se desliza sin pretensiones y hasta a veces olvidándose de su personificación como esa periodista argentina.
Elías Acosta que, al parecer, está tomando un entrenamiento acelerado en el cine dominicano, se resiste a sucumbir ante tan maltrecho argumento que, sin ser su responsabilidad por ser un director por encargo, marca su ímpetu profesional.
“La tragedia Llenas, un código 666” no hace ningún privilegio argumental a la historia del cine dominicano, aunque es parte del avance.
FÉLIX MANUEL LORA |