En el 2004 José Enrique Pintor, español radicado en República Dominicana, rodó su ópera prima "La cárcel de La Victoria, el cuarto hombre", una suerte de trama carcelaria con el protagonismo del español Paco Luque, el venezolano Julio Mota y el dominicano Richard Douglas.
Esta apuesta en el cine dominicano contó con un reclamo en la búsqueda constante de temas y situaciones que el cine se hace siempre para poder llevar su trayectoria al descubrimiento de lo que siempre se puede aportar en la cinematografía de un país.
Pinky tomó un camino tortuoso, pero a la vez determinado para transitar por los pasillos de una escala penitenciaria que desborda toda ficción cinematográfica. Utilizando la cámara y fotografía austera de Claudio Chea para tomar las ventajas de su espacio y luz, la historia da su inicio como una especie de docudrama para situar al espectador en medio de la misma cárcel y sus reclusos. Luego se van revelando una serie de detalles que toca a Alberto casado con una dominicana con la que tiene un hijo y en la que en un confuso hecho, su hijo de cinco años muere en manos de un asaltante. Entonces Alberto planifica la manera de entrar a la cárcel para vengar su muerte con la esperanza de encontrar al asesino.
Allí tendrá que buscar la ayuda de algunos presos como Aquiles, interpretado por Richard Douglas, cuya excelente expresividad alcanza niveles extraordinarios y concentra la película a su favor. Con él los actores Julio Mota, Paco Luque y Luchi Estévez controlan otra parte de la oferta histriónica del filme. Pachy Carrasco toma la musicalización para formar un contexto sonoro adecuado, aunque con ciertos excesos.
Podemos decir que sus realizadores se llevaron demasiado por la atmósfera del entorno donde rodaron el filme y no llegaron a distribuir los resortes necesarios para ayudar a construir mejor la historia que involucra a todos los personajes.
La buena capacidad de resolución de escenas se enfrenta a una debilidad argumental que lleva su resultado final a una baja en su calidad de suspenso frente a lo que espera el público dado el poco control resolutivo e histriónico. Lo loable de este proyecto es que Pinky alcanzó a definir, en los términos generales del filme, un trazo direccional que desde ya se marca en el contexto fílmico dominicano.
FÉLIX MANUEL LORA
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