La película "Cuatro hombres y un ataúd" (1997) vino de la mano de Pericles Mejía, un activo realizador de comerciales que, tomando sus experiencias en el campo publicitario, obtiene el tiempo, la inversión y la visión para dar el salto sin garrocha y exponerse al escrutinio público de mostrar un nuevo producto cuando el sabor amargo todavía estaba en el gusto del público de la experiencia pasada. Esta comedia de Pericles se convirtió en una esperanza sobre el tema del humor, alcanzando un presupuesto aproximado de 6 millones de pesos.
"Cuatro hombres y un ataúd" se traduce como otro intento de retratarnos y exponer nuestras desdichas, esperanzas, costumbres y manías. El género de la comedia se toma nuevamente para contar un relato que tiende a mezclar varios aspectos del entorno popular para descifrarlo en un pliego de múltiples facetas, pero la manera de su exposición lo desliga de las verdaderas posibilidades en los términos de su correcta construcción narrativa.
El punto inicial es la muerte de Jacinto (Richard Douglas), un íntimo compañero de Jorge (Cuquín Victoria), con el que éste proyectaba poner un taller de reparaciones para sobrevivir bajo las precarias condiciones de existencia. Dada esta imprevista situación, la decisión de Jorge es de despedir a su amigo de tragos y parrandas junto a los demás compañeros, aprovechando el velorio para crear una bebentina de mal gusto y un irreverente itinerario con ataúd por las calles del sector.
Esta manera contrasta con la posición del párroco de la iglesia, que se opone a esta desagradable práctica y desea que la procesión se lleve a cabo bajo los reales preceptos de la Iglesia Católica.
Ahora bien, existen una serie de elementos que no se llegan a asimilar porque por la manera en que son expuestos adquieren un matiz que no ayuda a la realización correcta del tema.
Esta historia puede reconocerse -en su forma más simple- como una atinada propuesta para mezclar los diferentes elementos populares que están arraigados en la conciencia del dominicano. Por ejemplo, el velorio es una excelente manera para dejar sentada una parte esencial de la tradición del barrio; la escena de las plañideras (aquellas personas que lloran por paga en los entierros), es creíble en este contexto y le proporciona un retrato popular formidable. La presencia del Ti-Jean, el jefe del gagá, y la prensencia de Chochueca (personaje muy popular en los barrios capitalinos de los años 70), conforman esas características barriales importantes. Pero el abuso que se le da al aspecto de la ingesta alcohólica por parte de los personajes principales, en donde todos ellos llegan al extremo de la ebriedad total, rompe con toda la propuesta positiva que en términos de argumento pueda tener el filme.
A esto se le suma la manera en que su director Pericles Mejía quiere plantear la comicidad de la situación al provocar el desvío del ataúd por parte de los compañeros de trago del difunto.
En cada punto donde se traslada el féretro se supone que tiene que avanzar en la historia, creando una situación hilarante en cada parada, pero solo se nota el vaivén sin sentido ni lógica de un grupo de hombres con un "bien amado" a cuestas. Las ocurrencias en los niveles del diálogo se manifiestan con un desbalance y un nivel de improvisación que en muchas ocasiones cae en lo ridículo y en el mal gusto.
Era normal la escogencia del comediante César Victoria (Cuquín) para sustentar la carga de la historia, aunque su personaje no ofrece muchas vertientes y especula bastante con su trabajo realizado en las comedias meridianas de la televisión.
En los aspectos del lenguaje cinematográfico, la edición y la partitura musical de Amaury Sánchez se ejecutan de manera correcta, facilitando una visualización adecuada del entorno de la narrativa. En términos generales la película pudo mejorarse en su aspecto temático y en la construcción de mejores diálogos. Aunque lo importante de este producto es que pueda mantenerse en un nivel adecuado de aceptación como producto fílmico y en otra aportación a los esfuerzos por construir la dinámica industrial dominicana.
FÉLIX MANUEL LORA
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